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¿Apocalipsis now?

Semanario Búsqueda de Uruguay y Diario La Tercera de Chile (Mayo 2011)

“El cielo mundial vuelve a cubrirse y algunos nubarrones se divisan en nuestro horizonte. Siguen las tormentas aisladas en Europa, con riesgo de que se generalicen y se conviertan en fuertes tempestades globales. Los tiempos que vienen ya no estarán despejados y los vientos empezarán a soplarnos en contra”.

Este pronóstico “meteorológico” parece reflejar adecuadamente el tono de los recientes informes sobre el clima económico internacional. Para justificarlo se recurre a las fuertes caídas mostradas por algunas materias primas en las últimas semanas, al tímido refortalecimiento global del dólar y al menor impulso exhibido por los índices bursátiles. ¿Se deriva de todo ello un sombrío panorama? ¿O son simplemente ajustes transitorios dentro un ciclo favorable que sigue intacto?

Es cierto que en este bienio de reactivación mundial, tras la gran crisis financiera de 2008, no han faltado nubarrones. Durante 2009, surgieron primero dudas sobre la efectividad de los estímulos implementados por los países desarrollados, así como aprensiones respecto a la capacidad de China de mantenerse aislada de la recesión global. Y luego emergieron dudas con la reestructuración de la deuda de Dubai.

Durante 2010 las turbulencias estuvieron concentradas en Europa, inicialmente con los problemas fiscales en Grecia, luego con la crisis financiera (y fiscal) en Irlanda y, en forma permanente, con las dudas sobre la sostenibilidad de las deudas de España y Portugal. Además, siguió el escepticismo sobre la recuperación de EEUU, lo que derivó en una mayor expansión monetaria de la FED vía un segundo relajamiento cuantitativo.

Por último, en lo que va de 2011, las amenazas han venido de las crisis en Medio Oriente y Norte de Africa, el alza del precio del petróleo, las consecuencias económicas del terremoto de Japón, el sesgo negativo impuesto a la deuda norteamericana y de la intensificación de los problemas en la periferia europea.

Pero la economía global ha mostrado una gran resiliencia a todos esos eventos. No sólo ha tenido una recuperación claramente tipo “V”, sino que el alto crecimiento registrado en 2010 (5%) se ha mantenido incluso durante este primer semestre, impulsado por la reaceleración de China, el elevado dinamismo de otros países emergentes, la fortaleza de Alemania y la recuperación gradual de EEUU. Si bien estos motores pueden perder algo de impulso en los próximos meses, eso no necesariamente debería llevar a un aterrizaje duro del mundo.

Tampoco hoy se divisan los típicos nubarrones que han anticipado las grandes crisis de las últimas décadas. Con la desocupación en 9%, aún estamos muy lejos de que la economía norteamericana alcance el pleno empleo y enfrente riesgos de desborde inflacionario. Falta mucho para que la FED lleve las tasas de interés a niveles tales que –como en el pasado- desaceleren el crecimiento mundial, desinflen burbujas o detonen crisis financieras. Además, todavía no hemos tenido un período lo suficientemente largo de euforia y subestimación del riesgo en los mercados que aviven excesos de crédito y grandes desequilibrios.

Sin un aterrizaje duro de la economía mundial, los pronósticos de un colapso en el mercado de materias primas también parecen sobreestimados. Aunque no exentos de volatilidad, los precios podrían mantenerse históricamente altos debido a la fuerte presión de demanda, pero sobre todo producto de la continua tendencia al debilitamiento global del dólar y de la implementación de políticas comerciales ineficientes.

Por un lado, la caída de la divisa norteamericana no estaría en entredicho mientras se prolongue el alto diferencial de crecimiento a favor de los emergentes (desacople) y se mantenga la mayor predisposición de las autoridades chinas al fortalecimiento del yuan. Por otro lado, como reacción a los aumentos de los commodities y sus efectos en la inflación, algunos gobiernos han venido impulsando medidas tales como prohibiciones o impuestos a las exportaciones que –lejos de lograr ese objetivo- terminan reforzando el ciclo alcista al desestimular la oferta global.

Todo indica, en definitiva, que –al menos en un horizonte de uno o dos años- seguiremos teniendo nubarrones que van y vienen, pero que no comprometen el clima despejado, ni revierten los fuertes impulsos externos. En lo comercial, Chile, Uruguay y el resto de América Latina continuarán recibiendo el viento chino que acarrea altos precios y volúmenes de exportación; y en lo financiero, el viento norteamericano que conlleva tasas bajas y un dólar débil.  Y con esos vientos a favor la región seguirá “volando”.

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