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Carta a un inversor en Uruguay

diciembre 10, 2011 Deja un comentario Go to comments

Semanario Búsqueda (8 de diciembre de 2011)

Apreciado inversor: ante sus requerimientos de un análisis sobre la situación actual y las perspectivas económicas de Uruguay procedo a enviarle un breve resumen con los temas más destacados.

La economía uruguaya completará el próximo año una década de alto crecimiento, tras sobrellevar en 2002 la mayor crisis financiera de su historia. En contraste con otros países de la región, como Chile, Perú o Brasil, que no repitieron la debacle de los ochenta, Uruguay vivió un episodio aún más traumático que el de 1982, producto de la acumulación, otra vez, de vulnerabilidades tales como insolvencia fiscal, alta dependencia regional, escasa inserción global, bajo crecimiento potencial, mala regulación financiera, y una fuerte dolarización de la deuda pública y los activos bancarios.

Desde 2003 la economía uruguaya ha venido mostrando un fuerte dinamismo explicado mayoritariamente por el aprovechamiento de la gran capacidad ociosa y del excepcional entorno internacional. En particular, Uruguay y la región se han visto beneficiados por el alto crecimiento mundial, la debilidad global del dólar, la elevada inflación en dicha moneda, los históricos precios de las materias primas, las bajísimas tasas de interés en EEUU y las consiguientes masivas entradas de capitales hacia nuestros países. Como ya planteaba Carlos Quijano en los sesenta, el país ha seguido a merced del viento y éste ha soplado a favor como nunca se había visto en más de medio siglo.

También ha influido, aunque en menor medida, una mayor inserción externa y la legitimación del modelo económico con la llegada del Frente Amplio al gobierno. Con todo, en esto último subsisten dudas y, por ende, riesgos. En términos generales permanece la incertidumbre de si la coalición gobernante abrazó el modelo por convicción o simplemente por conveniencia. Y en lo más concreto hay excepticismo sobre el aumento del crecimiento potencial y la (mayor) resiliencia para enfrentar entornos tan críticos como los observados en 1982 o 2002.

Puedo decirle entonces que, gracias al buen clima global, sobre todo proveniente de China y otros países emergentes, Uruguay ha estado simplemente en plena cosecha, con una siembra pobre y errática para los malos tiempos. Si bien las vulnerabilidades se han atenuado por factores cíclicos, los avances estructurales se estiman acotados y circunscritos a la desdolarización de la deuda, así como a alguna mejoras de las normas prudenciales en materia financiera.

Uruguay parece estar a mitad de un campo entre la buena siembra de países como Chile, Perú o Brasil y la mala de Argentina, Ecuador o Venezuela. Que el desempeño económico de ambos grupos no haya sido significativamente diferente, luego de corregir por las holguras y situaciones iniciales, corrobora la alta influencia del buen clima global. Recién en el largo plazo, cuando las condiciones externas se normalicen, veremos si dicha convergencia se mantiene y cuáles serán los verdaderos ganadores.

Para el caso uruguayo es indudable que la prosperidad parece frágil y desafiada por riesgos coyunturales y estructurales. Entre los primeros destacan desequilibrios tales como la sobreutilización de los recursos productivos, el desanclaje inflacionario, los problemas de competitividad, el exceso de gasto y el deterioro de las cuentas externas. Habrá evidentemente costos altos y crecientes de seguir apretando el acelerador con políticas agresivas de demanda.

Pero aún con viento a favor y esos obstáculos en el océano, las mayores amenazas son estructurales y pasan por la falta de rumbo, estrategia y firmeza en el timón.

Primero, a diferencia de lo observado en otros países, Uruguay carece de metas nacionales representativas, transversales y consensuadas que permitan alinear todos los intereses en la misma dirección. No hay una fecha objetivo para erradicar la pobreza como han planteado los chilenos, ni se ha tomado como referencia un país exitoso como lo ha hecho Perú con Chile. Si hubiera que elegir un objetivo implícito en la política uruguaya es el igualitarismo, pero definido incorrectamente: entendido como igualdad de resultados y no de oportunidades.

Segundo, a nivel de las estrategias pero íntimamente vinculado con lo anterior, hay al menos tres visiones respecto a cómo manejar las políticas económicas y sociales. No sólo se da cuenta de la existencia de dos equipos económicos, sino que además permanentemente influyen posiciones incluso más radicales que también buscan afectar el rumbo del barco. Todo ello ha introducido un alto grado de incertidumbre en materia de reglas del juego, respeto de los derechos de propiedad, discrecionalidad en las polítcas y manejo tributario que deberían comprometer la inversión y el crecimiento de largo plazo.

Y finalmente, en tercer lugar, tenemos un capitán que no define rumbos y estrategias, ni arbitra entre posiciones antagónicas. Y menos aún se la juega por un equipo económico que desde 2005 ha mostrado cierta consistencia y sintonía con la adopción de mejores políticas públicas.

Apreciado inversor: todo lo anterior sugiere cautela, menor exposición a Uruguay y mayor diversificación en sus portafolios.

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