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La reactivación “K” de Uruguay: freno e impulso

El País

Terminó el primer semestre y el Banco Central del Uruguay dio a conocer el desempeño económico del primer trimestre. Además, ya se cuenta con varios indicadores de actividad para los meses más recientes. ¿Cómo viene la recuperación? ¿Cuáles han sido sus principales determinantes? ¿Qué cabe esperar para el resto del año y 2022?

Las cifras del primer trimestre confirmaron varias expectativas.

Después del rebote de 10% del segundo semestre de 2020, se frenó la recuperación de la economía uruguaya, con una leve contracción respecto al último cuarto del año pasado (0,5%) y una caída interanual de 2,8%, por la elevada base de comparación.

Siguiendo la tendencia global, el desempeño de la actividad ha tenido forma de “K”. En el mundo hubo países de recuperación rápida y significativa, como China y Estados Unidos, y otros en Europa y América Latina, donde ha sido lenta y rezagada. En lo sectorial y en los componentes de la demanda, también el patrón mundial ha tenido rubros con gran expansión y otros aún estancados o incluso en declive. Lo mismo ha ocurrido en Uruguay.

Hay “motores encendidos” y a buena velocidad en lo agroforestal (+10,3% interanual en el primer trimestre), la construcción (+3,3%), la industria (+0,7%), las Comunicaciones y las Tecnologías de la Información, mientras que otros están frenados o aún en retroceso, sobre todo en rubros del comercio (-6%), servicios orientados a la demanda interna (-7%) y el turismo.

Desde la perspectiva de la demanda, la heterogeneidad se ha reflejado en el alto crecimiento del inversión fija (14,5%) por la segunda planta de UPM, la contracción de las exportaciones (-13,3%) golpeadas por el desplome turístico y la lenta recuperación del consumo privado, que en el primer trimestre aún mostraba una caída interanual (-4,2%).

Toda esta heterogeneidad ha estado evidentemente relacionada a la evolución también dispar de sus determinantes. Los sectores transables han estado favorecidos por el mayor impulso extrarregional derivado del alto crecimiento mundial (6-7%) y las fuertes alzas de los precios de exportación. En los sectores de servicios, tanto turísticos como otros, la actividad se ha visto frenada por el cierre de fronteras y la menor movilidad asociada a la crisis sanitaria. Por último, también continuó la incidencia negativa de la sequía (hasta enero) vía el menor valor agregado del sector eléctrico.

Para el segundo trimestre, los indicadores disponibles tienden a ratificar dichas evoluciones sectoriales y sus fundamentos, con algunos matices positivos y otros negativos.

Por un lado, se acentuó el impacto positivo externo en la industria y la mayor incidencia de la construcción de UPM, en un contexto de mejoras de la generación de energías renovables y la confianza de los consumidores.

Por otro lado, existe la duda de la magnitud del efecto negativo sobre ciertos rubros del comercio y los servicios en general de la intensificación de la pandemia.

Con todo, en el balance neto de este segundo trimestre, la economía podría haber retomado un leve crecimiento intertrimestral, que -por la bajísima base de comparación- equivaldría a una expansión interanual en torno a 10%.

Sin grandes sorpresas hasta ahora, las perspectivas para la segunda mitad de 2021 se ven más auspiciosas, aunque evidentemente condicionales a que la pandemia siga cediendo con el avance de la vacunación. Esta sigue siendo la política económica más efectiva para ir abriendo las fronteras y reactivando más sostenidamente algunos sectores.

Si bien desde Argentina no se espera un gran impulso, la reaceleración podría verse beneficiada -además del entorno extrarregional- de la prolongación de condiciones financieras expansivas externas e internas, junto al mayor crecimiento de Brasil y la apreciación del real.

Todo esto, sin embargo, no cambia el pronóstico de una expansión cercana a 3% para el promedio de 2021, con un aporte en torno a un punto porcentual de la construcción de la segunda planta de UPM y sus obras relacionadas. Si bien dicha expansión no compensa la caída de 2020, podría llevar a que el PIB retome el nivel pre pandemia hacia el cierre de este año o inicios del próximo.

Justamente, para 2022, la velocidad de la reaceleración de este segundo semestre, junto la mantención del entorno externo y el logro de una mayor inmunidad contra el Covid-19, quizás con una tercera ronda de vacunación, podrían apuntar a un crecimiento igual o mayor al observado este año, aunque evidentemente el grado de incertidumbre sobre todo eso sigue siendo muy elevado.

Sobre lo que sí hay mayor certeza, es en la lentitud de la consiguiente recuperación del mercado laboral y de la reducción del déficit fiscal. De ahí que, lejos de apelar a políticas de demanda con la Rendición de Cuentas, más allá de apoyos puntuales a los rubros productivos rezagados y los segmentos vulnerables de la población, parece plausible acentuar el foco en el logro de un crecimiento alto y sostenido. En lo inmediato, con más vacunas y más vacunación. En lo estructural, promoviendo la inversión física y removiendo trabas a la productividad y la contratación laboral. Solo esos son impulsos duraderos.

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