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Los temas del año en la economía mundial

Semanario Búsqueda (Uruguay)

Crisis europea, Grecia, volatilidad, BRIICs, desacople, inflación, consolidación fiscal e indignados fueron palabras que dominaron el lenguaje económico mundial durante 2011, tal como planteaba en una columna previa. Aunque seguirán presentes en 2012, los desarrollos de enero sugieren focalizarnos en temas como la reaceleración china, la resiliencia estadounidense, el desacople global de la crisis europea, la debilidad extendida del dólar, la fortaleza estructural de los commodities y la contención mundial de la inflación.

Tras el aterrizaje suave mostrado por China en 2011, los últimos indicadores sugieren la estabilización del crecimiento en el rango meta de 8%-9% y la posibilidad de una reaceleración a lo largo del año. La inflación alcanzó un máximo de 6,5% en julio y ha mostrado señales claras de moderación que podrían llevarla desde el 4,1% actual a menos de 2% durante el segundo semestre. Con estas perspectivas, las autoridades ya iniciaron el relajamiento del programa de ajuste vigente, bajando los encajes bancarios y moderando las restricciones crediticias. Estos estímulos se acentuarían en los próximos meses e irían acompañados de recortes de tasas de interés, mayor impulso fiscal y menores controles a la inversión en algunos sectores. Como resultado, China iría de menos a más en 2012, favoreciendo un mayor crecimiento mundial y altos precios de materias primas.

La reaceleración china consolidaría la resiliencia de EEUU a las crisis de otros países desarrollados. Al tradicional desacople entre estos y los emergentes, que ya cumple una década, ahora se afianza el decoupling entre la economía norteamericana y las de Europa y Japón. Las tres han experimentado grandes crisis financieras en los últimos 20 años, pero EEUU ha demostrado mayores fortalezas estructurales y mejores políticas macroeconómicas que evitaron “La Segunda Gran Depresión” y una nueva recesión. Para este año el crecimiento seguiría en torno a 2% y el mercado laboral mostraría mejores adicionales. Esto consolidaría la posición política del gobierno (y del presidente Obama) y atenuaría los riesgos de populismo que el ciclo electoral traería aparejado.

Como lo ha dejado en evidencia esta semana el FMI, la reaceleración de China y la estabilización de EEUU tienden a “podar” las expectativas más pesimistas sobre la economía mundial y contribuyen a un mayor desacople global respecto a la crisis europea. Aunque seguiría estancada, la Eurozona podría evitar una gran recesión favorecida por los impulsos externos, la gran fortaleza de Alemania y la mayor proactividad mostrada recientemente por sus autoridades. Mientras continúan los ajustes fiscales, sobre todo en los países más vulnerables, el Banco Central Europeo está impulsando una mayor expansión monetaria y políticas más agresivas de liquidez y refinanciamiento bancario. Paralelamente, el FMI se ha mostrado mucho más dispuesto a coordinar la llegada de recursos extrarregionales. Si bien los problemas de fondo están lejos de resolverse –manteniéndose los riesgos de insolvencia fiscal, crisis financiera y/o recesión prolongada- el manejo reciente sigue generando tiempo para procesar mayores ajustes, algunas reformas estructurales y nuevas recapitalizaciones bancarias.

Sin recesión mundial, parece improbable que este año finalice el ciclo de debilidad global del dólar y fortaleza estructural de los commodities, que ya cumple casi una década. Los desacoples mencionados –emergentes vs desarrollados; EEUU vs Eurozona- prolongaría el ciclo de apreciación real de las monedas emergentes, aún con el sesgo bajista para el euro frente al dólar. Por lo tanto, este año debería continuar el fortalecimiento del yuan y de las divisas de países “China dependientes”. Junto con extender el escenario de inflación global en dólares, esto mantendría los precios de las materias primas en niveles históricamente altos. A ello también contribuiría el crecimiento de la demanda, favorecida por un crecimiento mundial satisfactorio, y el déficit de inversión y oferta en algunos productos.

En contraste con 2011, donde la inflación apareció como una seria amenaza para la economía mundial, sobre todo por la aceleración de los indicadores subyacentes en emergentes y de los ítems volátiles en los desarrollados, 2012 debería ser un año de mayor estabilidad de precios a nivel global. La inflación seguiría controlada en los países industrializados debido a las amplias holguras de capacidad, la moderación de los costos laborales y el anclaje de las expectativas. En los emergentes, la desaceleración económica y una mayor apreciación de sus monedas, seguirían atenuando las presiones inflacionarias. Estas volverían con mayor intensidad en 2013 especialmente en aquellos países que retomen la guerra de divisas con intervenciones cambiarias inconsistentes o un manejo monetario muy agresivo.

Si estos fueran efectivamente los temas en debate, 2012 no traería el fin de la bonanza para América Latina. Sin embargo, más allá de este escenario central, existen riesgos latentes –sobre todo en Europa- que merecen mucha atención. Para no perturbar el ánimo veraniego, dejemos su análisis para una próxima oportunidad.

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