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2015: año clave en Uruguay

diciembre 12, 2014 Deja un comentario Go to comments

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En una columna anterior especulé sobre los determinantes, las perspectivas y las consecuencias del posible escenario de crecimiento que enfrentaría Uruguay en 2015-2020. La expansión del PIB tendría en promedio un techo en el potencial de 3% debido al escenario global menos favorable, el viento en contra desde la región y las restricciones para implementar políticas contracíclicas, sobre todo al principio del nuevo mandato de Tabaré Vázquez, cuando será prioritario corregir algunos de los desequilibrios.

Todo ello implicaría una marcada desaceleración de la masa salarial y un aumento adicional del dólar en términos reales. A su vez, sin ajustes de políticas, también presionaría al alza el desempleo y el déficit fiscal.

Con esa expectativa, habrá al menos tres momentos económicos claves durante el quinquenio. Si bien el período completo nunca estará exento de grandes desafíos en el manejo de las políticas, quizá los hitos más importantes estarán primero en 2015, luego hacia mediados del período cuando haya avanzado el ajuste monetario de la Reserva Federal y por último en 2019, en medio del nuevo ciclo electoral.

Así ocurriría porque, a juzgar por la historia, los episodios de normalización de tasas de interés en Estados Unidos suelen ser traumáticos para Uruguay y el resto de América Latina. Por su parte, los ciclos electorales uruguayos conllevan demandas por políticas más expansivas y postergación de ajustes, sobre todo luego de un período de “vacas más flacas” y consiguientes presiones redistributivas. Así ocurrió en 1989 y 1999. Y así podría suceder hacia el final del próximo quinquenio.

Pero ya habrá tiempo para profundizar en esos dos hitos. Lo relevante es que ambos terminarán muy condicionados por lo que pase en 2015. El que viene será un año crucial. Ninguna novedad. Un año probablemente de continuidad e inflexión.

Continuidad primero porque Uruguay mantendría ciertas políticas que lo han venido diferenciando positivamente de Argentina, Brasil y otros países de América Latina.

Segundo, porque Uruguay seguiría creciendo, pese al menor impulso global y regional.

Y tercero, continuidad también porque dicho crecimiento sería más alto, estable y menos acoplado a sus vecinos que lo observado históricamente.

Con todo, la expansión del PIB para 2015 se proyecta menor a la registrada este año, quizás bajo 3%, y en parte favorecida puntualmente por el aporte en producción de Montes del Plata. Hacia una cifra parecida debería converger el crecimiento de la masa salarial con una moderación que descansaría inicialmente más en el empleo que en las remuneraciones reales.

También se extenderían al próximo año los desequilibrios observados últimamente en el último tiempo, pero con cierta inflexión en algunos de ellos.

Parece altamente probable una moderación del déficit del gobierno debido a los menores costos de generación eléctrica, cierto desfase en la internalización de la caída internacional de los combustibles y un menor crecimiento del gasto público. Sólo si éste queda restringido a una expansión real de 3% en promedio durante el quinquenio –el potencial para el PIB- podría esperarse una consolidación fiscal más estructural. Ahí estará el mayor desafío de la nueva Ley de Presupuestos.

Si a esta moderación fiscal, se suma la desaceleración adicional esperada para la demanda interna, sobre todo de la inversión privada, también cabría esperar cierta caída en el alto déficit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos.

Como resultado, este menor exceso de gasto seguiría validando alzas adicionales del dólar por sobre la inflación. Tanto más, cuanto mayores sean las presiones deflacionarias que sigan importándose desde la región y el resto del mundo. De ahí que un tipo de cambio en torno a los $27 hacia fines de 2015, como descuentan actualmente los precios de mercado, no parece improbable.

Esto ayudará algo a revertir los problemas de competitividad, aunque una parte significativa de este partido se jugará en la eficacia y eficiencia de las inversiones en infraestructura y las reformas educativas.

Por último, el otro desequilibrio que podría corregirse algo es el inflacionario. Si bien la inflación cerrará algo por debajo del 8,5% de 2013, esta estabilización resultó de acciones más sobre los síntomas, que sobre las causas. Sin embargo, para 2015 se agregaría una moderación de las presiones subyacentes dada la caída de precios externos y la persistencia de una política monetaria contractiva. Además de la mencionada consolidación fiscal, eso podría complementarse con un reforzado compromiso antiinflacionario que ayude a recuperar credibilidad y moderar las expectativas. Todo lo cual ayudaría a moderar los costos laborales unitarios y a mejorar las señales para las futuras rondas de negociaciones salariales.

Si hay un año para darle crédito a un manejo macro que ataque los desequilibrios, ese es el próximo. Después de todo, los incentivos son potentes. Nada terminará distinguiendo más a Uruguay de la región y de su propia historia, que quedar mejor preparado para enfrentar los shocks externos desfavorables. Ni nada seguirá siendo tan valorado por la sociedad como la estabilidad económica.

Por todo ello, 2015 será clave.

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