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Nube de Palabras 2010

Semanario Búsqueda, 30 de diciembre de 2010

Si hubiéramos resumido en una “nube de palabras” la situación económica mundial de 2009, habrían dominado expresiones como recesión, desempleo, deflación, “brotes verdes” y recaída. Durante 2010, un año en que transitamos desde el escepticismo al optimismo respecto a la reactivación global, varias han ido perdiendo importancia, siendo desplazadas por conceptos tales como desacople, PIIGS y crisis europea, holguras, relajamiento cuantitativo, guerra de divisas y burbujas. Miremos la nube.

El concepto de desacople recobró relevancia para definir un ciclo global caracterizado por el alto crecimiento de los países emergentes y la recuperación lenta y titubeante de los desarrollados. Mientras que China volvió a crecer en torno a 9% impulsando una expansión del orden de 6% en el resto de los países emergentes, las naciones desarrolladas lo hicieron en cerca de 2%. Como resultado, el mundo se expandió este año a una tasa muy similar al promedio observado en la bonanza 2004-2007 (5%). El desacople ha justificado los fuertes contrastes en el comportamiento de los precios de los activos, la inflación, las tasas de interés (reales y nominales) y las monedas.

La crisis europea estuvo muy asociada a la sigla PIIGS, en la cual quedaron agrupados países periféricos que enfrentan altos niveles de endeudamiento público y serios riesgos de insolvencia fiscal. Mientras algunos llegaron a esta situación por crisis del estado de bienestar (Portugal, Italia y Grecia), Irlanda lo hizo por una crisis financiera y el restante, España, por un poco de ambas. Caracterizada por graves problemas estructurales, de los cuales quizás sólo se salvan Alemania y algunos países escandinavos, la Eurozona compró tiempo con el plan de ayuda financiera anunciado en mayo, la adquisición de bonos soberanos del Banco Central Europeo, algunos ajustes fiscales y el sinceramiento gradual de los balances bancarios. Sin embargo, continúa en un equilibrio frágil por el riesgo de reestructuraciones de deuda, caída del euro y problemas financieros.

El concepto de holguras tomó importancia para referir al grado de utilización de los recursos productivos imperante a nivel mundial. Se trata de un concepto clave para anticipar presiones inflacionarias y administrar los estímulos macroeconómicos. Mientras los países emergentes están cerca del pleno empleo y tienen las holguras casi copadas, los desarrollados siguen mostrando una alta capacidad ociosa, con altas tasas de desocupación y un bajo uso del capital. Así, en Estados Unidos, Europa y Japón, los costos laborales y los márgenes de comercialización de las empresas se mantienen acotados, reforzando las presiones desinflacionarias y obligando a las autoridades a prolongar lo estímulos económicos. Con las tasas de interés de corto plazo prácticamente en cero y sin espacios, ni efectos significativos por el lado fiscal, sus autoridades monetarias han canalizado el mayor impulso monetario a través de relajamiento cuantitativo (Quantitative Easing). Así, en contraste con el manejo tardío tras La Gran Depresión del ’29, los bancos centrales han sido muy agresivos aumentando el dinero y reduciendo las tasas de largo plazo. La evidencia demuestra que ello es más eficaz, eficiente y fácil de revertir que las expansiones fiscales.

El concepto de guerra de divisas irrumpió para definir las políticas cambiarias o monetarias implementadas para impulsar la depreciación nominal de sus monedas o acotar su apreciación. Esto ha implicado masivas intervenciones en los países con regímenes de tipo de cambio administrado y la mantención de una política monetaria expansiva (tasas bajas) en aquellos con flotación cambiaria. Sin embargo, en la medida que dichos manejos no han ido acompañados de mayor ahorro interno (fiscal pero también privado) o mayores niveles de productividad en los sectores no transables, no necesariamente han logrado aumentos genuinos del tipo de cambio real. En muchos casos, los países han disparado balas de salva, con nulas ganancias en competitividad.

Por último, tras la expansión de la liquidez y el retorno de un mayor apetito por riesgo, también ha vuelto el debate sobre la gestación de burbujas en precios de activos (o bienes), entendidas como alzas exuberantes desalineadas de los fundamentos de largo plazo. Hay buenas razones para estimar que los commodities o los países emergentes serían candidatos a ellas en este ciclo. Pero también hay buenos argumentos para creer que estaríamos recién en sus etapas incipientes y por lo tanto, aún distantes de los riesgos de un eventual reventón.

No hay duda de que algunos de estos conceptos seguirán vigentes en el nuevo año. Pero ¿qué otros irán apareciendo? ¿Cómo será la próxima “nube de palabras”? Especulo que irán ganando terreno expresiones como BRIIC (Brasil, Rusia, India, Indonesia, China), energía, petróleo, políticas de oferta crecimiento potencial, inflación, consolidación y solvencia fiscal, ajustes y tasas de interés. Esas deberían ser las palabras del lenguaje económico mundial en 2011. Y también los temas de mi próxima columna.

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