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Commodities: ¿superciclo o superburbuja?

Búsqueda (Uruguay) y La Tercera (Chile)

En los dos grandes eventos que se desarrollan este fin de semana en Uruguay -la reunión anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Montevideo y la Expoactiva de la Asociación Rural de Soriano cerca de Mercedes, la misma pregunta quizás domine los debates y las conversaciones de sus asistentes. ¿Por cuánto tiempo permanecerá el boom de materias primas?

Casualmente, estamos cumpliendo casi diez años con precios altos desde el inicio en 2002 de este ciclo de recuperación. Antes, tuvimos un sombrío quinquenio con cotizaciones que cayeron más de 30% y que estaban – en promedio- 25% por debajo del cierre de los setenta. Durante esta última década, en contraste, vimos triplicarse el índice general de commodities, mientras los alimentos valen en promedio el doble y algunos productos incluso se multiplicaron por cuatro.

¿Estamos en presencia de un superciclo o de una gran burbuja que en cualquier momento puede reventar? Si por burbuja entendemos un alza exagerada y desalineada de los fundamentos, la respuesta es no. Un síntoma que la descarta es la relativa estabilidad de precios que sigue observándose a nivel global. Cierto. Un boom no justificado en causas reales habría generado desbordes inflacionarios por doquier, lo que ha estado lejos de ocurrir. Más que de burbuja deberíamos hablar de un superciclo de inflación en commodities fundamentado en al menos tres factores.

El primero tiene que ver con el fuerte aumento de la demanda asociado a la aceleración y composición del crecimiento global. El mundo pasó de crecer al 3% en los veinte años previos a 2002 a 4% en los últimos diez, con un quinquenio dorado de expansión al 5% entre 2003 y 2007. Pero el crecimiento de esta década fue menos balanceado que el previo, con un fuerte sesgo hacia China y otros países subdesarrollados, cuyos consumos son mucho más intensivos en materias primas.

El segundo factor se vincula a la fuerte depreciación mostrada por el dólar a nivel global, lo que históricamente ha ido acompañada de mayor inflación y precios en dólares. Hoy esto se justifica por la debilidad relativa de Estados Unidos frente a los emergentes, lo cual –combinado con su mayor desempleo- le ha permitido a la Reserva Federal ser muy expansiva en materia monetaria sin comprometer la estabilidad de precios.

Por último, las cotizaciones se han visto impulsadas por restricciones de oferta que operan con rezagos largos y variables. Por ejemplo, en algunos rubros, el sorpresivo aumento de demanda enfrentó una producción bastante inelástica debido a la baja inversión materializada en las décadas previas de precios bajos. En otros, las políticas comerciales, tributarias y medioambientales promovidas por algunos gobiernos han recortado las rentabilidades esperadas y desincentivado las inversiones. La tendencia alcista de precios se ha reforzado producto de las restricciones a las exportaciones, las subas de impuestos específicos y los controles más estrictos a la contaminación.

Aunque ya estamos en la fase madura del ciclo, dichas condiciones no deberían cambiar significativamente en un horizonte de dos o tres años. Un ajuste abrupto parece descartado con el crecimiento mundial en torno a su promedio histórico, la lenta maduración de muchos proyectos y la continua tendencia a la apreciación del yuan y otras monedas emergentes.

Con todo, para muchos productores y gobiernos se está configurando un escenario de mayores riesgos tanto en el corto como en el largo plazo. En lo inmediato, con alzas ya más moderadas y fuertes aumentos de costos, dejamos atrás la etapa fácil de altos márgenes y buenas rentabilidades.

Para el largo plazo -por ejemplo hacia la segunda mitad de la década- la mayor amenaza pasa por un posible colapso de precios. Así lo sugiere la historia económica y también los factores cíclicos.

Por un lado, no hay razones históricas para considerar este boom como único, inusual y estructural. En los últimos dos siglos, la tendencia secular de los commodities ha sido a la baja en términos reales por tratarse de bienes poco intensivos en mano de obra (el factor que a la larga más se encarece). De hecho, en dicho período, hubo cinco booms como el actual donde los precios se multiplicaron por 2 o 3 veces, pero luego mostraron una fuerte y rápida normalización. Hubo superciclos entre 1850-75, en el cruce del siglo XIX al XX, entre 1923 y 1929, desde mediados de los ’30 hasta la guerra de Corea y finalmente en la década de los setenta.

Por otro lado, al riesgo estructural debemos sumar las amenazas de un aterrizaje forzoso de la economía mundial cuando el retorno de EEUU al pleno empleo y a una mayor inflación implique el retiro de la liquidez, alzas de tasas de interés y el fortalecimiento global del dólar. Si ello genera una crisis en China o problemas en otros emergentes, el ajuste será fuerte y traumático.

Podríamos concluir, entonces, que el escenario para los precios commodities es cautelosamente optimista en el corto plazo, pero con riesgos crecientes que podrían transformarlo en pesimista hacia la segunda mitad de esta década.

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