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¿Llega a China la crisis?

Semanario Búsqueda (Uruguay) y Diario Pulso (Chile)

En Europa se profundiza la recesión y el riesgo de un colapso mayor. La recuperación de Estados Unidos sigue débil y con altibajos. Japón no sale de su crisis que ya acumula dos décadas. Algunos países emergentes, como Brasil e India, se desaceleran y explicitan sus problemas estructurales. Con todo, el crecimiento mundial converge a cerca de 3% sostenido esencialmente por la expansión de China. ¿Se mantendrá su impulso? ¿O el gigante asiático también sucumbirá al mal clima global transformándolo en una tormenta perfecta?

Si nos guiamos por los titulares de la prensa o los análisis más superficiales, la situación económica china parece moverse siempre en escenarios extremos, entre el sobrecalentamiento y el sobreenfriamiento.

Durante 2010 y parte de 2011, el escenario era de alto crecimiento, desbordes crediticios, presiones inflacionarias y especulación sobre burbujas en precios de los activos. Para prevenir o atenuar excesos, China subió las tasas de interés, restringió el crédito, introdujo controles administrativos en el sector inmobiliario, toleró una mayor apreciación del yuan y recortó el gasto y la inversión pública.

Estas medidas desaceleraron el crecimiento del PIB desde casi 11% en 2010 a 7,8% durante el primer semestre de este año y reflotaron la idea de un posible sobreajuste en el marco del deteriorado entorno global. En efecto, la economía china es aún muy dependiente de la demanda externa, por lo que la debilidad de Estados Unidos, la recesión europea y la desaceleración de sus socios emergentes, impactaron en las ventas externas y en la actividad industrial. Mientras la expansión en volumen de las exportaciones cayó desde casi 30% en 2010 a cerca de 5% en el primer semestre de este año, el crecimiento de la producción manufacturera pasó de 15% a 10% en igual lapso.

Por su parte, en el caso de la demanda interna, las políticas restrictivas indujeron un fuerte ajuste en la construcción y en algunos sectores relacionados, lo que no fue completamente compensado por la fortaleza del consumo privado y del resto de la inversión.

Pero, junto con esta desaceleración, también se amortiguaron algunos de los desequilibrios y riesgos del boom.

Primero, el patrón de crecimiento aparece ahora menos desbalanceado, con un mayor protagonismo del gasto interno y una menor incidencia de la demanda externa, lo cual ha recortado el superávit en cuenta corriente de la Balanza de Pagos desde 10% a 2% del PIB. Sin perspectivas de aceleración en el gasto privado de los países desarrollados, dicho rebalanceo atenúa los desequilibrios globales y ayuda al crecimiento del mundo, aunque al costo potencial de subir (en el largo plazo) las tasas de interés internacionales.

Segundo, en el sector inmobiliario, los precios y la actividad no sólo estuvieron lejos de colapsar, sino que ya en los últimos meses muestran señales de recuperación. Así lo indican las cotizaciones bursátiles de las constructoras –el principal indicador líder del sector– al mostrar un alza en promedio de casi 30% desde octubre pasado.

Tercero, la inflación, tras alcanzar un máximo de 6,5% en julio pasado, cayó a 2,2% en junio y seguiría moderándose en los próximos meses, debido a los menores precios externos y sobre todo, a las mayores holguras internas en el uso de los factores productivos y la apreciación de casi 10% registrada por el yuan en el último bienio.

Fue justamente esta moderación inflacionaria la que permitió ir relajando el programa de ajuste durante los últimos meses. Además de suavizar las restricciones cuantitativas al crédito, el Banco Central de China ya acumuló un recorte de 1,5 puntos porcentuales en los encajes bancarios y de 56 puntos básicos en la tasa de interés referencial, llevándola a 6% la semana pasada. Y con la inflación transitando hacia cerca de 1% en este semestre, cabe esperar una profundización de estos estímulos monetarios y crediticios, así como un programa de expansión fiscal que incluya recortes de impuestos y un aumento en los gastos en infraestructura. El gobierno también seguiría eliminando algunos controles administrativos a la inversión privada, sobre todo en el sector inmobiliario.

Esta gran capacidad para desarrollar políticas contracíclicas, en un contexto de alto crecimiento potencial y moderación de algunos de sus desequilibrios, parece descartar un escenario de sobreajuste o de crisis en China. Si bien es factible que aún veamos un deterioro adicional en la actividad, con las peores cifras materializándose entre el segundo y tercer trimestre, algunos indicadores ya anticipan que ese piso de crecimiento estaría en el rango de 7-8%, a partir del cual podría venir una moderada reaceleración en los doce meses subsiguientes. Esto no bastaría para darle un gran impulso al resto de los países emergentes, pero sería suficiente para evitar una recesión en el mundo, un fortalecimiento más permanente del dólar a nivel global y un colapso en los precios de las materias primas.

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