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El aterrizaje de Uruguay

Semanario Búsqueda (28 de junio)

Como bien graficó el Dr. Carlos Quijano en la década de los sesenta, Uruguay suele estar a merced del viento en materia económica. O, mejor dicho, a merced de los vientos. Similar a su clima, hay dos provenientes de la región, el sur o argentino y el norte o brasileño; y otro del resto del mundo que podríamos llamar extrarregional.

Durante la última década, salvo en 2008-2009 debido a la “tormenta perfecta” a nivel mundial, estos vientos “económicos” le han soplado a favor a Uruguay como nunca antes en los últimos 60 años. Ahora parecen estar cambiando. ¿Se volverán adversos para los próximos dieciocho meses? ¿Se encamina la economía uruguaya a un aterrizaje forzoso?

Evidentemente que el viento extrarregional viene con menor impulso, aunque no necesariamente se tornaría en contra. El viento a favor implícito en el alto crecimiento mundial observado en 2003-2008 y en 2010-2011 parece estar mutando a una brisa más suave producto de la crisis europea y de la incapacidad de sus líderes técnicos y políticos para estabilizar la situación fiscal y financiera. Los problemas de fondo siguen sin resolverse y el riesgo de una recesión prolongada con deflación, estilo japonés, aparece como un escenario cada vez más probable. Esto no sólo amenaza el impulso errático y tenue que muestra Estados Unidos, sino que también el alto crecimiento de algunos países emergentes. Con todo, el viento de China se mantiene lo suficientemente fuerte como descartar un escenario de aterrizaje forzoso de la economía mundial.

A su vez, las bajas tasas de interés, la debilidad global del dólar y los precios históricamente altos de las materias primas -tres de los impulsos que hemos absorbido del resto del mundo en la última década- no parecen estar revirtiéndose en términos estructurales, aun cuando puede haber ajustes transitorios.

Por su parte, los vientos regionales también vienen con contrastes. El argentino se está volviendo en contra, mientras el brasileño se parece a la brisa extrarregional.

Si bien Argentina no se encamina necesariamente a un colapso inminente, como los de 1982 o 2001, los desequilibrios macroeconómicos y la orientación anti crecimiento de sus políticas micro apuntan hacia una agonía prolongada que combina estancamiento con alta inflación. Se trata de un escenario más parecido al observado en la segunda mitad de los ochenta, sin el riesgo de repetir la hiperinflación por la menor deuda y la mayor pesificación de la economía, pero con la amenaza de la acumulación de presiones para que una crisis mayor explote en dos o tres años.

Para Uruguay este escenario de “estanflación” significa un freno o incluso una reversión del fuerte viento argentino recibido por Uruguay durante la última década. No habrá gran contagio financiero, pero si una contracción en la demanda por bienes y servicios, menor inflación en dólares y el repliegue del ingreso de capitales hacia el agro y el sector inmobiliario.

Por su parte, aunque una recesión en Brasil parece descartada, salvo un colapso de la economía mundial, parece improbable que el viento norteño sople con la intensidad que lo hizo en los años previos. La macro brasileña luce bien, pero la micro mal. Así, dado el menor impulso extrarregional, el crecimiento potencial Brasil está limitado a 3% por la baja inserción externa, la elevada carga tributaria, el déficit de infraestructura y los problemas de competitividad.

En el balance de vientos hay claramente implícito un menor impulso para Uruguay y el consiguiente aterrizaje de la economía en el resto del año y en 2013. Que sea suave o forzoso dependerá de la magnitud y extensión de las turbulencias globales y regionales, así como de la pericia, unidad y coordinación de los pilotos.

Lamentablemente, el país no tiene capacidad de desarrollar políticas contracíclicas para compensar el menor impulso externo.

No hay márgenes en materia fiscal por el alto crecimiento del gasto público en los últimos años y el riesgo de que el déficit fiscal se vaya a más de 3% del PIB.

Ni hay grandes espacios en la política monetaria debido al desanclaje de las expectativas inflacionarias, los consiguientes problemas de credibilidad y la débil transmisión de los movimientos de tasas de interés sobre la economía. Finalmente, tampoco cabe esperar ganancias genuinas de competitividad en materia cambiaria sin señales de moderación en materia salarial hasta niveles de un dígito, compatibles con la meta de inflación y el menor crecimiento esperado para la productividad.

En definitiva, con Argentina estancada y Brasil y el resto del mundo creciendo en torno a 3%, sin márgenes para políticas contracíclicas, el crecimiento uruguayo podría converger a una cifra de ese orden durante los próximos 18 meses, amortiguado transitoriamente por la maduración de algunos proyectos, entre otros la construcción de Montes del Plata. Se trataría de un aterrizaje suave que iría acompañado de una fuerte desaceleración del consumo y del empleo, que corre el riesgo de transformarse en forzoso por una mala resolución de la crisis europea y/o por malas señales de políticas internas.

  1. julio bellagamba
    julio 22, 2012 en 13:17

    recordando un poco de historia económica, la combinación de política fiscal expansiva y monetaria contractiva ha llevado en todos los casos a una explosión en términos de competitividad. Y como “en el largo plazo todos estaremos muertos” esperemos poder soportar el próximo aterrizaje

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