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Presupuestando 2013

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2012 ha sido un año en que se materializaron las dos grandes tendencias previstas en materia macroeconómica para Uruguay. Por un lado, la economía se desaceleró, pero sin caer en recesión. Por otro, se siguieron acentuando algunos de los desequilibrios emergieron en los años previos. Ya parece oportuno plantear un balance preliminar para este año, pero más importante presupuestar el escenario central para 2013.

Tras las cifras de 8,5% en 2010 y 5,8% en 2011, el crecimiento de Uruguay se moderó hasta promediar cerca de 4% este año, debido a ciertas condiciones internas y al menor impulso externo.

Entre las primeras destacan el uso al límite de la capacidad productiva, un techo también cercano a 4% del crecimiento potencial y la profundización de algunos problemas de competitividad.

El menor impulso externo vino de la desaceleración de la expansión global, desde 4% a 3%, y del aterrizaje Argentina y Brasil, hacia un rango de crecimiento entre 1% y 2%.

Con todo, Uruguay siguió favorecido por las condiciones financieras muy expansivas para países emergentes, la debilidad global del dólar, los altos los precios de exportaciones y el aporte de la construcción de Montes del Plata.

Sin embargo, hubo al menos cinco desequilibrios que se acentuaron y que podrían restringir el crecimiento de 2013 o el desarrollo de políticas contracíclicas.

Primero, la ya mencionada sobreutilización de los factores productivos reflejada en una tasa de desempleo en torno a 6,5%, nuevamente cercana a la “natural”. No hay capacidad ociosa.

Segundo, en parte por lo anterior, la inflación cerrará el año sobre 8%, con un desvío mayor respecto al rango meta (4%-6%). En esto también influyó seguir absorbiendo inflación importada desde fuera de la región, pero sobre todo las presiones internas ligadas al alto crecimiento de los salarios y los mayores márgenes de comercialización derivados de la baja capacidad ociosa y del dinamismo de la demanda interna.

Tercero, en otro año de “vacas gordas, con el producto todavía sobre su nivel de tendencia, el gobierno siguió sin mostrar superávit y terminaría con un déficit en torno a 2% del Producto Bruto Interno (PBI).

Cuarto, este desequilibrio fiscal estructural, combinado con el alto dinamismo del gasto privado, indujo una mayor dependencia del ahorro externo en el financiamiento del aumento de la inversión. Así, el déficit en cuenta corriente subió a 3% del PBI.

Y por último, hay una parte de la caída del tipo de cambio real no atribuible a una mayor productividad o la mejora de términos de intercambio, que se vincula a ese exceso de gasto (público y privado) y a las inconsistencias salariales. Esto desequilibra el crecimiento hacia los sectores no transables.

Si bien estos desequilibrios impiden retomar una expansión del orden de 6%, tampoco implicarían una desaceleración adicional en lo inmediato. Por el contrario, el contexto internacional y algunos factores internos apuntan más bien a un mayor dinamismo que llevaría el crecimiento a 4% o más en 2013.

Por un lado, aunque la crisis europea puede agravarse, con un mayor riesgo de desintegración de la Eurozona y la prolongación del crecimiento bajo (y volátil) de Estados Unidos, el impulso extrarregional no sería menor al recibido este año si se consolida la incipiente reaceleración de China y otros países emergentes. Así, el crecimiento mundial sería incluso mayor al observado este año, lo que –combinado con la debilidad extendida del dólar- mantendría los precios de exportaciones en niveles históricamente altos. Y además, las condiciones financieras relevantes para Uruguay seguirían siendo muy expansivas.

Por otro lado, el entorno regional también podría mostrar una leve mejora respecto a este año.

Tras el ajuste del año pasado y el aterrizaje de 2012, Brasil volvería a crecer en torno a 4% impulsado por ese contexto extrarregional, las rebajas recientes de la tasa SELIC, una política fiscal más expansiva y las mayores inversiones en infraestructura.

Para Argentina esto implica que –aún bajo un escenario de cuasi estancamiento y desequilibrios crecientes- no necesariamente enfrentará un colapso inminente. Dichos impulsos podrían incluso estimular cierta reactivación el próximo año.

Además de estos mayores impulsos externos, Uruguay también se beneficiaría del aporte adicional de la construcción de Montes del Plata, del mayor valor agregado del sector eléctrico (por aumento en la generación hídrica) y de la prolongación de algunas políticas macro expansivas.

Para el resto de las variables relevantes este escenario implicaría “más de lo mismo”.

Por un lado, la demanda interna seguiría creciendo más que el producto, el mercado laboral bajo pleno empleo y el déficit fiscal sobre 1,5% del PBI.

Por otro lado, si bien recientes medidas (puntuales) contra suba de precios podrían estabilizar la inflación debajo de 10%, serían ineficaces para devolverla al rango meta. Así, las expectativas actuales de inflación (en torno a 8%) volverían a validarse en 2013 en ausencia de un shock deflacionario externo o la adopción de medidas de fondo que conlleven una ajuste fiscal y una fuerte moderación salarial. De ahí que tampoco sean esperables alzas sostenibles del dólar.

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