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El desenlace argentino

Semanario Búsqueda (Uruguay) y diario Pulso (Chile)

En 2013 la economía argentina continuó en “lenta agonía”. No emergieron los detonantes de un colapso como los observados en 1982-83, 1989-1991 ó 2001, ni hubo un giro en el gobierno hacia mejores políticas públicas que revertieran algunos de los desequilibrios económicos y promovieran un mayor crecimiento potencial.

En pocas palabras, el desempeño económico argentino de este año se caracterizó por la reaceleración de la actividad, la prolongación de altas presiones inflacionarias, el deterioro adicional de las cuentas externas, un mayor ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial y una fuerte alza del dólar en el mercado paralelo.

Según las cifras oficiales, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se aceleró desde 1,9% en 2012 a cerca de 5% este año, lo que en términos de la medición genuina significaría transitar desde un cuasi estancamiento a una expansión del orden de 3%.

Esto se vio favorecido por algo de mayor impulso externo, el alto aporte del sector agropecuario ligado a las buenas cosechas de granos y la prolongación de los estímulos fiscales y monetarios, aunque en grado menor al observado en otros ciclos electorales. Según JP Morgan, el crecimiento del gasto público sería de 6% (real) este año, con un déficit fiscal que se consolidó entre 2% y 3% del PIB.

En cuanto a la inflación, tanto el cálculo oficial, como la estimación de las consultoras para el Congreso, sugieren cierta estabilización en torno a los registros observados en 2012, es decir, cerca de 10% y 25%, respectivamente.

Hubo algo de menores presiones inflacionarias derivadas del deterioro del mercado laboral y de la caída de precios externos, pero la expansión del dinero –la causa de fondo de la inflación- si bien se moderó, aún sigue en tasas interanuales cercanas al 30%.

Esta emisión de dinero siguió financiando el déficit fiscal, validando tasas de interés negativas en términos reales y reforzando las expectativas de devaluación del peso. Como era esperable, todo ello profundizó la demanda por dólares y salida de capitales que se enfrentó con reforzamiento en los controles cambiarios, pero sobre todo con pérdidas adicionales de reservas internacionales y una mayor depreciación cambiaria.

Mientras las reservas han estado cayendo al ritmo de US$ 1.000 millones por mes, hasta sólo US$ 34.000 millones en octubre, el gobierno ha tolerado la duplicación del ritmo devaluatorio del tipo de cambio oficial, desde ±1% a ±2,5% mensual. A su vez, en el mercado paralelo, el dólar aumentó más de 50% en el último año, volviendo a 10 pesos en las últimas semanas, con una brecha de 70% respecto a los casi 6 pesos del formal, pero sin gran volumen de transacciones.

¿Seguirá Argentina en este escenario de “agonía lenta” durante los próximos meses, en 2014, y quizá hasta la elección presidencial de 2015? ¿O ahora sí estará ad portas de ajustes más abruptos tras las legislativas de este domingo?

Algunos desequilibrios como la inflación, el bajo nivel de reservas internacionales o los problemas de competitividad, se han agudizado tanto, que el status quo parece difícil de sostener por dos años más o ni siquiera durante todo 2014. Y, a la larga, será más insostenible aún bajo un contexto externo crecientemente complejo que podría conllevar mayores problemas en Brasil, menores precios de materias primas y un repliegue en el financiamiento hacia la región.

El escenario “reformista”, con un giro hacia mejores políticas e instituciones públicas, que promuevan mayor inversión privada y corrijan muchas de las distorsiones vigentes, ha ganado algo en probabilidad, pero aún parece circunscrito a un grupo reducido de “optimistas”. Estos se basan en la derrota electoral que tendría el kirchnerismo este domingo, la consolidación de líderes más moderados en el peronismo y la señal implícita en los precios de las acciones con un alza de 50% en dólares en el último año (al tipo de cambio paralelo). Todo ello reflejaría que la alternativa de “profundización del modelo” observada en los últimos años -aunque sigue latente- aparecería menos probable hacia adelante.

En definitiva, el escenario que parece más probable sería el de “status quo con ajustes”, algunos de los cuales vendrían determinados por la escasez de divisas, la distancia al nuevo hito electoral y el riesgo de nuevo default si la justicia falla en Nueva York a favor de los tenedores de bonos (holdouts).

Primero se espera una mantención o aceleración del mayor ritmo devaluatorio del tipo de cambio oficial, aún cuando lo más eficiente sería un ajuste por una vez. Segundo, algunos analistas ven señales de acercamiento a los organismos multilaterales que podrían terminar en negociaciones por créditos. Por último, sin la urgencia electoral y con cifras “razonables” de crecimiento, la política monetaria y fiscal podrían volverse más restrictivas para acotar algo la emisión de dinero y la depreciación del peso.

Con todo, ello no sería suficiente para evitar peores perspectivas económicas para Argentina en 2014: la actividad volvería a estancarse, la inflación seguiría rebelde y la salida de capitales se haría crecientemente más difícil de manejar. En resumen, veríamos una aceleración de la “lenta agonía”, con desenlace incierto.

  1. julio bellagamba
    octubre 27, 2013 en 15:27

    Argentina el mayor banco de pruebas de la historia

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