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Revalorizando el ahorro

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El  ahorro es mucho más que “la base de la fortuna” como dice el refrán popular. Es una variable muy importante a nivel micro, ya sea en el comportamiento individual de una familia o empresa, como para la economía en su conjunto (a nivel macro).

En el caso de una persona o familia, el ahorro implica renunciar a consumo presente para financiar sus necesidades futuras de gasto. Esta decisión depende de la etapa en el ciclo de vida, los ingresos (actuales y esperados), la tasa de interés y otros factores. Entre estos últimos, uno de creciente importancia ha sido el fuerte aumento en la expectativa de vida. Esto está generando la necesidad de incrementar el ahorro durante la etapa laboral de la persona, sobre todo para quienes siguen aspirando retirarse a las edades tradicionales (60-65 años).

Por su parte, para las empresas, el ahorro proviene fundamentalmente de sus utilidades no distribuidas y constituye una de las fuentes principales de financiamiento de la inversión. Eso ocurre en el ámbito corporativo y también para la economía en general, ya que –como sugiere la evidencia internacional- los respectivos aportes del gobierno y las familias suelen ser menos relevantes.

Así, al financiar la inversión, el ahorro tiene un rol muy importante en el crecimiento. Pero, a nivel macro, también lo tiene en la promoción de la competitividad cambiaria. Cierto. Un mayor ahorro, ya sea del gobierno o del sector privado, implica un menor gasto en bienes y servicios no transables y por ende, un tipo de cambio real más alto.

Demás está decir que todos esos temas son particularmente relevantes en la coyuntura actual de Uruguay. Por un lado, la tasa de ahorro nacional ha estado relativamente estable durante la última década, fluctuando en torno a 17% del PIB. Por otro lado, desde un nivel relativamente parecido, la inversión ha venido aumentando sostenidamente hasta ubicarse en 23,6% del PIB en 2013. Como resultado, ambas tendencias han implicado un mayor déficit en cuenta corriente de la Balanza de Pagos (ahorro externo) que terminó financiando esa brecha.

Es evidente que para sostener el crecimiento (potencial), Uruguay requiere preservar altos niveles de inversión e ir recuperando competitividad. Ambos objetivos exigen incrementar la tasa de ahorro nacional. Para ello es necesaria una mayor contribución del gobierno a través de un menor déficit fiscal. Pero también es clave ir fomentando el ahorro privado, ya sea personal o corporativo, para depender menos del ahorro externo y la inversión extranjera directa.

En ese sentido, en cuanto al ahorro de las personas, algunas iniciativas recientes del gobierno y del Banco Central de Uruguay (BCU), aunque quizá tímidas e insuficientes, han ido en esa dirección.

Es rescatable que el proceso de “inclusión financiera” no esté limitado a la formalización de las transacciones o a un mayor acceso al crédito, sino que también promueva los instrumentos de ahorro actuales o el desarrollo de nuevos en el futuro. Hasta ahora el menú de opciones de las personas (y empresas) parece restringido a invertir en activos inmobiliarios, cuentas a la vista (cajas de ahorro), depósitos de bancos, bonos del estado y algunos títulos corporativos. Esto refleja muy poca variedad de instrumentos, algunos de los cuales son además de difícil acceso para la mayoría de la población.

Para ir reduciendo ese déficit, también parece razonable la iniciativa del BCU de reimpulsar los Fondos de Inversión (o fondos mutuos), a través de promover uno “corto” (a 30 días o Money Market) que pueda ser distribuido por bancos y otros intermediarios de valores, ya sea solos o en asociación con un corresponsal financiero. Esto, además de ayudar en algo a fortalecer la transmisión de la política monetaria, podría movilizar a los agentes privados a ofrecer otros instrumentos. Vendría bien que este reimpulso no quedara solo en instrumentos dedicados a bonos estatales, sino que contemplara algunas alternativas externas, ya sea con fondos sobre activos internacionales o concretando una mayor integración de las Bolsas locales a otras de la región. Un ejemplo sería incorporándose a la plataforma del Mercado Integrado Latinoamericano (MILA), que conectó a las plazas bursátiles de Chile, Colombia, México y Perú.

Indudablemente habría sido mejor impulsar estas iniciativas antes: previo o durante el máximo boom de consumo. Pero, tratándose de mejoras estructurales, nunca “es tarde cuando la dicha es buena”.

  1. E Álvarez
    mayo 24, 2014 en 09:20

    “Un mayor ahorro, ya sea del gobierno o del sector privado, implica un menor gasto en bienes y servicios no transables y por ende, un tipo de cambio real más alto.”

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