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Uruguay en la encrucijada

Semanario Búsqueda (31 de mayo)

Uruguay sufre el recrudecimiento de las políticas proteccionistas en la región.

Esta semana Brasil aprobó el decreto que permite subir el Arancel Externo Común (AEC) hasta 35% a 100 productos seleccionados, amparado en la decisión adoptada por el conjunto del Mercosur en la reunión de diciembre pasado. Por su parte, Argentina –que ha venido incrementando las trabas comerciales- anunció que propondrá en la próxima cumbre del bloque en Mendoza el alza generalizada del AEC desde el 22% actual a 35%.

Ante este escenario, Uruguay enfrenta una encrucijada histórica en materia comercial: seguir a los grandes de la región en su retorno al proteccionismo o aprovechar la coyuntura para despegarse del bloque y profundizar la inserción global. ¿Qué debería hacer el gobierno?

De la vasta investigación empírica de los últimos 30 años se ha concluido que una elevada inserción externa es fundamental para un mayor crecimiento económico. Los procesos de China, India y otros países emergentes han aportado evidencia contundente al respecto. No hay, además, ningún país pequeño que haya alcanzado el desarrollo, cerrado al mundo.

Muchos intelectuales han argumentado en esa dirección, pero quizás nadie como el indio Jagdish Bhagwati, uno de los economistas más respetados por sus aportes en comercio. “Libre comercio ad nauseam” escribió recientemente, insistiendo en las ganancias estáticas y dinámicas de la apertura externa. No sólo hay ganancias de bienestar por el acceso de consumidores y productores a bienes e insumos más baratos, sino -más importante aún- se generan progresos continuos en eficiencia y productividad al aprovechar las economías de escala de mercados mayores. La apertura, además, explicita los costos de la indisciplina macro, mejora las instituciones, constituye la política industrial más eficiente y desalienta la búsqueda de rentas y la corrupción.

En América Latina, el ejemplo paradigmático es Chile. Hace casi 40 años que inició el desmantelamiento de las trabas comerciales y fue insertándose en el mundo en base a una rebaja unilateral de aranceles que luego complementó con Tratados de Libre Comercio (TLC). Actualmente, tras llegar a una tarifa efectiva de 1%, el gobierno está proponiendo llevar a cero la tasa (de 6%) que aún rige con aquellos países sin acuerdo.

Al convertirse en uno de los países más abiertos del mundo y con mayor acceso a los mercados globales mundiales, Chile logró un crecimiento alto y estable en las últimas tres décadas, con grandes progresos en sus indicadores sociales. México, Colombia y Perú han optado por un camino similar en la región, con rebajas de aranceles y acuerdos comerciales de EEUU y otros países.

El propio Uruguay tiene evidencia para aportar en contra del proteccionismo. Las mayores tasas de crecimiento que logró el país coincidieron con una elevada inserción externa, primero entre mediados del siglo XIX y hasta poco después de la crisis de 1929, y luego, desde mitad de los ‘70 hasta la actualidad. Por su parte, en el libro La economía uruguaya en los noventa (1996) de la Universidad de la República en convenio con UTE, se concluyó que el crecimiento de Uruguay sería 1,5 puntos porcentuales superior bajo apertura multilateral que en escenarios alternativos de autarquía o integración regional.

Hay también buenas razones de economía política para alejarse del Mercosur. Por un lado, existe una percepción mayoritaria en la sociedad sobre los beneficios de la inserción externa y de los altos costos para el país del funcionamiento actual del bloque. Por otro, hay gran oportunidad de hacer un mea culpa colectivo y redefenir la estrategia comercial a la luz de la intensificadas políticas proteccionistas. Cierto. En el pasado, el apoyo a la integración regional fue transversal: desde la dictadura militar, que impulsó el PEC y el CAUCE, pasando por los partidos fundacionales que se jugaron por el Mercosur, hasta el Frente Amplio –que tras su excepticismo y “apoyo crítico” en 1991- lo validó en el gobierno.

A veces la apertura externa suele cuestionarse apelando a algunos fracasos no atribuibles a ella. Para que sea exitosa son necesarias condiciones que favorezcan la inserción competitiva de las empresas y los trabajadores. Como en el deporte, para ir a ganar en las instancias globales hay que estar bien preparado. Se requiere de estabilidad macroeconómica, una carga tributaria competitiva, adecuada infraestructura, y políticas públicas eficientes y efectivas, sobre todo en educación. Cuando ello falta, el fracaso es inevitable.

En definitiva, enfrentado nuevamente Uruguay a una decisión histórica en materia comercial, quizás de tanta relevancia como las adoptadas otras cuatro o cinco veces en el pasado, los argumentos técnicos y políticos facilitan la elección. Hay que decirle “no” a la proteccionista y utópica Unión Aduanera del Mercosur. Y hay que decirle “sí” a una Zona de Libre Comercio o alternativa similar, como el acuerdo de Chile con el bloque, que le permitan a Uruguay fijar aranceles bajos y parejos y negociar libremente con otros países o regiones.

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