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Desacople y Bonanza

Semanario Búsqueda de Uruguay (Jueves 21 de octubre)

Mientras 2009 fue el año de los brotes verdes en el mundo, 2010 se caracterizó por una pobre cosecha en los países desarrollados y una muy abundante en los emergentes. El desacople sigue vigente, y con ello, la prolongación de la prosperidad de la región. ¿Se sostendrá la reactivación global en 2011 o tendremos una recaída? ¿Basta con el impulso de China? ¿Cuáles son los desafíos para las políticas macro?

Seguimos entendiendo por desacople (o decoupling) un ciclo global caracterizado por un alto crecimiento de los países emergentes, en un contexto de una expansión lenta y titubeante de los desarrollados. Dicha tendencia –que ya estaba presente en la bonanza observada entre 2004 y 2008- se ha intensificado tras la crisis financiera y parece difícil que se revierta en el futuro previsible. Con China expandiéndose en torno a 9%, el resto de los países emergentes entre 5% y 6% y las naciones desarrolladas cerca de 2%, el FMI estima que el crecimiento mundial se ubicaría en torno a 4% durante los próximos años. Es cierto que se trata de una cifra menor a la observada en aquel quinquenio dorado, pero similar a la registrada en el ciclo favorable de los ’90 y superior al promedio histórico. Así que, si bien el riesgo de recaída global se mantiene latente, dichos pronósticos y el positivo desempeño de los activos riesgosos en los últimos meses, tienden a descartarlo. La bonanza parece extendida.

Pero el desacople abarca otras dimensiones económicas, tanto en actividad como en otras variables, que exigen respuestas diferentes de política. En actividad, acorde a lo esperado, también observamos desempeños dispares de la demanda y de la ocupación. Los países emergentes siguen liderando la expansión del gasto global, tanto en consumo como en inversión, con sus mercados laborales transitando rápidamente al pleno empleo. En cambio, en las economías desarrolladas, mientras la demanda continúa débil, el desempleo y la capacidad ociosa caerían muy gradualmente desde sus altos niveles actuales.

En cuanto a otras variables, es plenamente justificado que estemos viendo contrastes fuertes en el comportamiento relativo de los precios de los activos, la inflación, las tasas de interés (reales y nominales) y las monedas.

Primero, porque ha habido decoupling en crecimiento durante la última década, los precios de las acciones y de los activos en general en los países emergentes vienen mostrando rendimientos sistemáticamente mayores que los registrados en los desarrollados.

Segundo, porque hay desacople en el dinamismo de la demanda interna, también debe haberlo en la trayectoria (relativa) de las tasas de interés reales. Éstas permanecerán bajas en los países desarrollados mientras el sector privado siga aumentando su ahorro o desendeudándose y deberán subir en el resto del mundo para atenuar su boom de gasto. Y en forma más restrictiva cuanto menos sea el ajuste compensatorio de la política fiscal.

Tercero, debido a las diferencias significativas en desempleo y grado de utilización de los recursos, cabe esperar un comportamiento (relativo) muy distinto de los costos laborales y los márgenes de comercialización. Así, mientras en el mundo industrializado la estabilidad de precios no se vería amenazada, las presiones inflacionarias seguirían creciendo en los países emergentes. Y en mayor medida cuánto más agresivas sean las políticas salariales inducidas por los gobiernos y menos abierta esté la válvula de escape de la apreciación cambiaria.

Cuarto, porque hay disparidades en tasas de interés reales y presiones inflacionarias, también debe haberlo en los ciclos de ajuste monetario. Por lo tanto, aún con una pausa prolongada (y justificada) de la FED y otros bancos centrales del mundo desarrollado, es esperable y deseable que las tasas de política sigan subiendo en los países emergentes, tal como lo hizo China esta semana. Esta decisión no necesariamente es una mala noticia. Con medidas como ésta, las autoridades chinas buscan prevenir riesgos de sobrecalentamiento y hacer el ciclo de crecimiento más duradero.

Quinto, por el desacople en los ciclos económicos y monetarios entre Estados Unidos y el resto del mundo, hemos visto la caída sistemática del dólar desde 2002 a la fecha y el consiguiente fortalecimiento de las monedas emergentes. Una apreciación que ha sido más aguda en aquellos países con menor aumento del ahorro público y privado.

Hasta aquí las principales dimensiones en actividad y otras variables del escenario de extendido de bonanza yd desacople. Pero ¿qué implicancias tiene en materia de políticas macro? Ante los riesgos evidentes de sobrecalentamiento y burbujas que podrían presentar los países emergentes en los próximos años, las políticas deben ser fuertemente contracíclicas. Uruguay está bien orientado profundizando la desdolarización,  perfeccionando la regulación financiera y manteniendo una política monetaria pro estabilidad de precios. Pero sin altos superávits fiscales, sin intervenciones cambiarias fundamentadas en ahorros genuinos, el pilar principal para una larga prosperidad seguirá débil.

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