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Mitos y realidades de la inflación uruguaya

Búsqueda (12 de marzo)

Aunque con altibajos, la inflación uruguaya ha venido acelerándose durante los últimos años hasta alcanzar 9,8% en febrero. Más preocupante aún es que los indicadores subyacentes ya se encuentran en el entorno de 10% y Uruguay se ubica, como en los ochenta, en el decil de países con mayor inflación en el mundo. Hay muchos mitos y realidades sobre las causas e implicancias de este proceso que intentaré abordar.

“El déficit fiscal y el gasto público han sido las causas principales de la inflación”

Esto es, en parte, falso. En el Uruguay actual, en contraste con Argentina y Venezuela, los aumentos de gasto y déficit ya no se financian mayoritariamente con impresión monetaria, la causa última de la inflación. Pero sí ha ocurrido que el gran impulso fiscal -al presionar los precios de los no transables- ha exigido un dólar más bajo para evitar desbordes inflacionarios mayores. O sea, la política fiscal terminó afectando los precios relativos y la capacidad de competencia de la economía (el tipo de cambio real), más que el núcleo inflacionario.

“La inflación responde a un crecimiento mayor al potencial”

Efectivamente la economía uruguaya creció sobre su potencial hasta 2013 y llegó al pleno empleo. Sin embargo, si bien eso justifica algo de mayor inflación en el corto plazo, no explica la aceleración hasta 10%, menos en el contexto de la reciente desaceleración. Basta ver, además, que muchos países en el mundo –aun con las capacidades productivas copadas- han preservado la estabilidad de precios. La mayoría de ellos actuó oportunamente con políticas contracíclicas que estabilizaron la economía y mantuvieron las expectativas ancladas.

“La inflación ha sido mayoritariamente importada”

Si eso fuera así, muchos otros países, incluso más abiertos que Uruguay (Perú o Chile por ejemplo), que también coparon sus holguras, habrían tenido grandes desvíos inflacionarios en el quinquenio reciente. No fue el caso. Pero además, durante los últimos años, Uruguay no sólo ha enfrentado presiones deflacionarias desde Argentina y Brasil, sino también menor inflación extrarregional. En efecto, aún estando en niveles históricamente altos, la cotización de una canasta amplia de materias primas se ubica muy por debajo de su máximo en dólares de 2011, año desde el cual ha estado relativamente estable en pesos uruguayos.

“Los aumentos salariales han sido determinantes en el proceso inflacionario”.

En parte es cierto. Por un lado, si bien los salarios reales han crecido en promedio en torno a la productividad, algunos reajustes mayores (ex ante) exigieron una política monetaria más acomodaticia que los fuera validando. Y por otro, ahora tal alineamiento ya no es, ni será, suficiente para la estabilidad de precios, al quedar montado sobre altas expectativas inflacionarias y recoger la indexación implícita en el mercado laboral.

“La inflación obedece a un comportamiento especulativo y oligopólico de los empresarios”

Al igual que los trabajadores, los empresarios van formando precios en base a las expectativas implícitas a nivel general. Es cierto que, dependiendo de la capacidad ociosa de la economía o del dinamismo de la demanda, los márgenes de comercialización pueden estrecharse o ampliarse en el corto plazo, pero la teoría y la evidencia descartan este factor como determinante de largo plazo de la inflación. Sólo basta ver que muchos países, con insuficiente competencia en algunos sectores, no han pasado por un proceso inflacionario como el uruguayo.

“La política monetaria no es suficiente ni demasiado efectiva para lograr la estabilidad de precios”

Ya sea en forma directa (en regímenes de tipo de cambio flexible) o indirectamente (en sistemas de flotación sucia o fijación cambiaria), la política monetaria es siempre clave, a la larga, para la estabilidad de precios. Que operen otros factores en el corto plazo o que los instrumentos se manejen mal, no es sinónimo de ineficacia. Es reflejo de pérdida de credibilidad y de la necesidad de ajustes lamentablemente más intensos y costosos para lograr los objetivos.

“Rebajas de tarifas públicas, subsidios sectoriales, descuentos puntuales de impuestos o ‘acuerdos de precios’ reducen la inflación o las expectativas”

Son acciones sobre los síntomas y no sobre las causas del proceso: en lo inmediato ello genera sólo cambios de precios relativos y una baja puntual en el índice general, pero –sin ajustes de fondo- no afectan el núcleo inflacionario, ni las expectativas de más largo plazo. Además de inefectivas, estas medidas representan un mayor impulso fiscal, más deuda pública, alteración en las señales de precios relativos (tan necesarias para reducir ciertos consumos) y una excesiva discrecionalidad de política.

“Un plan de estabilización puede ser necesario”

Muchas experiencias de países así lo indican ya que procesos de inflación moderada, como el de Uruguay, son difíciles de controlar, incluso más que una hiperinflación, como suele decirse.

Un plan integral y consistente debería incluir ajuste fiscal, desindexación salarial y política monetaria contractiva. Y una buena comunicación que reencauce las expectativas y la credibilidad, dos factores clave en la dinámica inflacionaria actual. Sólo así sería posible procesar, en forma más eficiente y sin tantos costos sociales, la necesaria recuperación para el tipo de cambio real que sugieren sus fundamentos.

Con todo, parece improbable un plan así en este año electoral, pero quizá sea inevitable en 2015. De lo contrario, el control inflacionario se ve poco factible en un contexto de dólar alcista, a menos que Uruguay enfrente una dura recesión (con alto desempleo) y/o una fuerte deflación externa.

  1. Jorge
    marzo 19, 2014 en 21:55

    Mi estimado coterráneo realiza un muy buen análisis, pero parte de supuestos políticos diferentes a los de la conducción económica. Eso le hace proponer soluciones que no se ajustan a los problemas. La inflación moderada, no es un problema, y si se escapara, el costo, sería menor que los ajustes fiscales y la perdida de salario real.

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